Llega el sábado, se apagan las alarmas y, sin que nadie lo decida, cada uno acaba en un rincón con su pantalla. Los niños con la tablet, los adolescentes con el móvil y vosotros mirando el correo «un segundo» que dura media hora. Una tarde sin pantallas en familia no es un castigo ni una vuelta a las cavernas: es un plan. Y como cualquier plan, sale mejor si lo tienes pensado antes de que empiece la pelea por el mando.

En esta guía te proponemos un sábado de otoño hora a hora, desde las cuatro de la tarde hasta la sobremesa de la cena. Está pensado para familias con niños de 5 a 15 años, funciona en un piso de ciudad o en el pueblo, y no exige comprar nada raro. Solo hace falta una cesta, una baraja o un juego de mesa rápido y un poco de paciencia las primeras veces.

Por qué cuesta tanto dejar el móvil (y por qué merece la pena intentarlo)

Nadie suelta la pantalla porque sí. La Asociación Española de Pediatría (2024) actualizó en diciembre de 2024 sus recomendaciones y fue muy clara: nada de pantallas hasta los 6 años, como máximo una hora al día entre los 7 y los 12, y como máximo dos horas entre los 13 y los 16. Pero el dato que más nos interesa para este sábado es otro: los pediatras encontraron una fuerte asociación entre el tiempo que los padres pasan delante de una pantalla y el que pasan sus hijos, sobre todo durante las comidas y en el dormitorio. Traducido: si tú no sueltas el móvil, ellos tampoco.

La OMS Europa (2024) publicó los resultados del estudio HBSC con casi 280.000 adolescentes de 11, 13 y 15 años de 44 países, España incluida. Más de uno de cada diez (el 11 %) mostraba signos de uso problemático de las redes sociales, frente al 7 % de 2018. En las chicas el porcentaje sube al 13 %. Quienes están en ese grupo duermen menos y se acuestan más tarde. No hace falta dramatizar: la mayoría de los adolescentes usa el móvil sin problema. Pero una tarde a la semana en la que la familia entera hace otra cosa es una vacuna barata.

«Está claro que las redes sociales pueden tener consecuencias tanto positivas como negativas en la salud y el bienestar de los adolescentes.» — Dr. Hans Henri P. Kluge, director regional de la OMS para Europa (2024)

Y hay una buena noticia: según el estudio de la Universidad de Oxford (2017) con 120.115 adolescentes ingleses, el uso moderado de pantallas no perjudica el bienestar; el problema aparece con el exceso, sobre todo entre semana, cuando el móvil supera las dos horas diarias. El objetivo de este plan no es eliminar las pantallas de vuestra vida, sino recuperar unas horas del fin de semana que ahora se os escapan sin daros cuenta.

Antes de empezar: el pacto de la cesta

El plan empieza a las cuatro, pero el pacto se cierra a la hora de comer. Es sencillo: una cesta en la entrada, y dentro van todos los móviles, tablets y mandos. Todos. El truco que hace que funcione es que los adultos sois los primeros en dejarlo, delante de los niños, sin comentarios. Si uno de vosotros necesita el teléfono por trabajo, se queda en la cesta con el sonido activado y se mira solo si suena.

Poned una hora de fin clara, por ejemplo hasta después de cenar. A los niños les cuesta mucho menos aceptar una norma con final que una prohibición vaga. Y no lo vendáis como «hoy nada de pantallas» sino como «hoy tenemos plan». La diferencia parece tonta, pero cambia el ánimo de toda la tarde.

Si tenéis adolescentes, dejad que participen en el diseño del plan. Un chaval de 14 años que ha elegido qué se merienda y qué se juega se resiste mucho menos que uno al que le han impuesto una tarde de manualidades.

16:00 – Salir a la calle: hojas, castañas y una gymkana de barrio

El otoño en España regala tardes de sol suave y temperatura perfecta. Salid a un parque, a un camino o a dar la vuelta al barrio, pero con misiones. Sin misiones, el paseo dura diez minutos y alguien pregunta cuándo volvemos. Con misiones, dura una hora sin que nadie mire el reloj.

Algunas que funcionan muy bien: encontrar hojas de cinco colores distintos, contar cuántos perros os cruzáis y adivinar su nombre, localizar tres cosas que empiecen por la letra del día, o recoger castañas para asarlas en casa (en el norte y en el centro de la península ya se venden en los puestos callejeros a partir de octubre). Los adolescentes pueden llevar la lista y hacer de jueces, que es una forma disimulada de que jueguen también.

En Francia e Italia este tipo de paseo con recolecta es una tradición de otoño, y en Alemania los niños fabrican farolillos para las procesiones de San Martín en noviembre. Copiar ideas de los vecinos está permitido.

17:30 – Merienda con las manos ocupadas: cocinar juntos

Volvéis a casa con hambre. Ese es el momento de meter a todos en la cocina. Cocinar juntos tiene una ventaja enorme frente a cualquier otra actividad: las manos están ocupadas, así que nadie echa de menos el móvil, y el resultado se come.

Ideas de otoño que aguantan bien a cocineros de todas las edades: bizcocho de manzana o de calabaza, tortitas, castañas asadas en la sartén con agujeros, o un chocolate a la taza como el de las churrerías. Repartid tareas por edad: los pequeños miden y remueven, los medianos pelan y cortan con supervisión, los mayores se encargan del horno y de que la cocina no acabe pareciendo un campo de batalla.

Y mientras se hornea, empieza el juego. Contrabando es perfecto aquí: cada uno recibe una palabra prohibida que tiene que colar en la conversación sin que los demás la pillen, y la cocina es un sitio en el que se habla mucho. Se juega de 2 a 8 personas a partir de 6 años, así que el abuelo y el sobrino pequeño pueden entrar.

18:30 – La hora del juego: duelos en el salón

Con la merienda hecha, toca la parte central de la tarde. Aquí hay una regla de oro: elegid juegos cortos y de mesa, sin turnos largos, en los que todos participen a la vez. Un juego de dos horas con reglas de veinte minutos hunde a los pequeños y aburre a los mayores. En este artículo sobre cómo explicar las reglas en cinco minutos tenéis trucos para que la explicación no mate el ambiente.

Los juegos de duelo cara a cara son el formato que mejor funciona en familias con edades mezcladas. En Game Off Batallón dos jugadores reciben un reto absurdo (quién aguanta más la respiración, quién dice más marcas de coches, quién imita mejor al cuñado) y el resto de la mesa vota. No hay tablero, se aprende en una ronda y se juega a partir de 5 años. Con adolescentes, Game Off Famosos añade famosos a los duelos y suele arrancar las carcajadas de los que «no les apetecía jugar». Si queréis entender por qué este formato engancha tanto a las familias, lo explicamos en qué es un juego de duelos cara a cara.

No es solo diversión. Una revisión sistemática publicada en la revista Education in the Knowledge Society de la Universidad de Salamanca (2023), firmada por Garrido-Sánchez y Crisol-Moya, analizó estudios entre 2016 y 2020 sobre juegos de mesa con menores de 6 a 18 años y encontró beneficios en el desarrollo integral: habilidades sociales, comunicación, cooperación y regulación de la conducta. Si os interesa el tema, tenemos un artículo entero sobre los beneficios de los juegos de mesa para los niños.

Cómo organizar un torneo casero en diez minutos

Si sois cinco o más, montad un torneo. Apuntad los nombres en un folio, sortead los enfrentamientos y que el resto vote cada duelo. El que gana la carta pasa de ronda. Un torneo de Game Off Batallón con seis personas dura unos 30 minutos y tiene final, que es lo que los niños necesitan para no pedir «otra, otra» hasta las once. Las reglas completas están en cómo jugar.

20:00 – Cena y sobremesa con palabras prohibidas

Los pediatras españoles señalan las comidas como uno de los dos momentos en los que más se contagian las pantallas entre padres e hijos. Así que la cena del sábado es la última prueba del plan. Los móviles siguen en la cesta y la mesa se convierte en el tablero.

Un truco que os va a sorprender: repartid una palabra secreta a cada comensal antes de sentaros. Durante la cena, cada uno tiene que colarla en la conversación de forma natural. Quien la detecta, gana un punto; quien consigue que pase desapercibida hasta el postre, gana dos. Es la mecánica de Contrabando, y transforma una cena normal en veinte minutos de miradas de sospecha y risas. Con abuelos funciona todavía mejor, porque se lo toman muy en serio.

La sobremesa es también el momento de hablar de la tarde: qué ha gustado más, qué repetiríais, qué cambiaríais. Los datos de Eurostat ayudan a poner esto en perspectiva: según la Encuesta armonizada europea de empleo del tiempo (Eurostat, 2008-2015), los europeos dedicamos entre cuatro horas y media y seis horas al día a ocio y vida social. La pregunta no es si tenemos tiempo, sino en qué lo gastamos.

Si llueve o hay abuelos en casa: plan B sin salir

El otoño también trae tardes de lluvia, y en Galicia, Asturias o el País Vasco pueden ser muchas. El plan B es el mismo plan sin el paseo. Sustituid la calle por un fuerte de mantas en el salón, una sesión de disfraces con lo que haya en el armario o una tarde de «restaurante» en la que los niños diseñan la carta y sirven la merienda.

Si tenéis abuelos en casa, ponedlos al mando de algo. Contar cómo eran las tardes sin televisión, enseñar un juego de cartas de toda la vida como la brisca o el cinquillo, o presidir el jurado del torneo de duelos. Los juegos de duelo cara a cara, además, tienen una gracia especial con tres generaciones en la mesa: el reto de «imitar a alguien de la familia» con la abuela votando no tiene precio. El pack de los tres juegos da para toda una temporada de sábados.

Y una advertencia honesta: la primera tarde sin pantallas suele tener un momento de queja. Dura diez minutos. A la tercera semana, los niños preguntan el jueves qué toca el sábado.

Preguntas frecuentes

¿A partir de qué edad tiene sentido una tarde sin pantallas en familia?

Desde siempre. La Asociación Española de Pediatría recomienda que los menores de 6 años no usen pantallas, así que para ellos toda tarde debería ser sin pantallas. El plan de este artículo funciona sobre todo con niños de 5 a 15 años, que es cuando la negociación empieza a costar; con adolescentes, dejadles elegir parte del plan.

¿Cuántas horas sin pantallas son suficientes para que se note?

No hace falta un fin de semana entero. Una tarde de unas cinco horas, desde la salida a la calle hasta la sobremesa, ya marca la diferencia si se repite cada semana. Lo que más pesa, según los pediatras, es que los adultos participéis y que las comidas queden libres de móviles.

¿Qué juegos de mesa funcionan mejor con edades muy distintas?

Los que se aprenden en una ronda, no tienen turnos largos y en los que todos hacen algo a la vez. Los juegos de duelo cara a cara como Game Off Batallón, o de palabras como Contrabando, permiten que un niño de 6 años y un abuelo de 75 jueguen en igualdad de condiciones porque el ingenio cuenta más que la estrategia.

¿Qué hago si mi hijo adolescente se niega a dejar el móvil?

Negociad el final, no el principio. Un adolescente acepta mucho mejor «hasta después de cenar» que «toda la tarde». Dadle un papel con responsabilidad (juez del torneo, cocinero jefe) y dejad que la primera vez sea corta. Y sobre todo, que vea vuestro móvil en la cesta antes que el suyo.

Referencias